El dinero no da la felicidad

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Todos hemos oído alguna vez esta frase hecha, y todos nos la tomamos como si fuera una mentira piadosa para consolarnos. ¿Crees que serías feliz para siempre si encontrases algún truco para ganar la lotería?

Según diversos estudios y experiencias, conseguir una gran cantidad de dinero no tendría efectos significativos en tu nivel de felicidad.

La cosa funciona de la siguiente forma: una vez que tienes el suficiente dinero para evitar las miserias de la vida, más dinero no aumenta tu felicidad. Hay varios factores que explican este aparente sinsentido.

Cuando ganamos la lotería, experimentamos lo que se denomina como adaptación hedónica. Simplemente nos acostumbramos al nuevo nivel de vida, ajustando nuestra felicidad al nuevo nivel. Simplemente necesitamos más para tener la misma felicidad.

Otro punto es que la felicidad es relativa, depende de cómo nos sentimos en nuestro entorno. Si ganas la lotería te sientes mejor siendo más rico que tus vecinos, pero seguro que te mueves pronto a una mansión, donde tus vecinos también son ricos, por lo que tu nivel de felicidad vuelve a bajar.

El problema está en que la felicidad es algo no cuantificable, que no se puede medir con una balanza, por lo que la gente no es capaz de usar su dinero para “atraer más felicidad”. Puedes comprar cosas lujosas, dejar ese trabajo horrendo, sentirte más seguro, pero al final te acostumbras y vuelves al principio.

Pero, ¿Por qué no simplemente usamos ese dinero para provocar más felicidad? La culpa la tiene el que nuestra memoria y nuestra imaginación no eligen teniendo en cuenta nuestros intereses a largo plazo. Acabamos asociando “más con mayor felicidad”, lo que nos lleva a sacrificar la felicidad por el tener más, creyendo que el más nos traerá más felicidad. Todo está clarísimo.

Por lo tanto, cuando vayas a comprar un boleto de lotería, a comprar vino mirando el precio o a aceptar un trabajo basado en cuanto paga, pregúntate cuanta felicidad nos procurará cada opción, en lugar de mirar los números.

El dinero no nos trae la felicidad, y en parte es porque el dinero es sí nos distrae de lo que realmente disfrutamos.