Contacto visual: cómo afecta a nuestro cerebro

El contacto visual puede ayudarnos a sentirnos muy unidos o a asustarnos, dependiendo de la persona que mire. Puede hacer a la gente más honesta o hacerla parecer más atractiva. Tiene el poder para mejorar la memoria o para hacernos olvidar todo lo demás. Piensa en a cuántas personas miramos los ojos diariamente, ya sea en el supermercado o en una conversación con un compañero de trabajo.

Por suerte, hay una diferencia social entre extraños y seres queridos cuando se trata del límite de tiempo que mantenemos contacto visual. Una cierto tiempo es necesario para el funcionamiento social (¿no es extraño cuando la persona a la que estás hablando se niega a mirarte a los ojos?),

Pero a pesar de todo, el contacto visual es claramente uno de los comportamientos más íntimos que tenemos. Podemos mirar a los ojos de la gente durante todo el día, pero nos reservamos ese tipo de mirada prolongada a los que más cercanos a nosotros.

Hay algo acerca del contacto visual prolongado que te hace sentir vulnerable y expuesto, como si la persona que te mira a los ojos tuviera acceso a tus pensamientos y sentimientos más íntimos.

Ese viejo dicho sobre que “los ojos son el espejo del alma” no está lejos de la verdad. Podemos fingir un gesto o una sonrisa, pero es más difícil fingir expresiones falsas de la nariz hacia arriba. Una sonrisa verdadera produce patas de gallo, y alguien que está enojado cerrará un poco los ojos según los expertos en lenguaje corporal.

Aprendemos mucho mirando a los ojos de otra persona, un comportamiento que está arraigado en nosotros desde el principio. Los bebés, utilizan las miradas de los adultos para saber lo que es digno de atención. En un estudio de 2002 publicado en Developmental Psychology, los investigadores encontraron que los niños siguieron la dirección de los ojos las personas, en lugar de la dirección de la cabeza. El contacto visual también les ayuda con la recuperación de la memoria. Los investigadores del MIT descubrieron que los niños de cuatro meses de edad eran más propensos a reconocer a alguien con quien tuvo contacto visual directo.

Con el tiempo, aprendemos la diferencia entre el contacto visual que nos hace sentirnos bien y el contacto visual que nos hace temblar internamente. La oxitocina, también conocida como “la hormona del amor o del abrazo”, juega un papel importante en este proceso. Es una sustancia química que no hace sentirnos bien que se libera cuando nos sentimos unidos con alguien, ya sea emocional o físicamente. La liberación es impulsada por un fuerte abrazo, dar la mano, enramorándonos, y así sucesivamente.

Un reciente artículo publicado en Biological Psychiatry postula que la oxitocina es la razón por la que estamos tan inclinados a tener un contacto visual prolongado con nuestros seres queridos. Y la Dra. Kerstin Uvas-Moberg, autora de “El Factor oxitocina”, cree que el contacto visual puede también dar lugar a la liberación de oxitocina.

Una simple mirada inspira comportamientos complejos

Incluso si no aprecias algo significativo en las miradas de cualquiera, nos ponemos de parte de quienes nos miran directamente a los ojos. Investigadores de la Universidad de Aberdeen pidieron a un grupo de personas que miraran dos imágenes de caras idénticas, con la única diferencia que una cara tenía los ojos mirando a la cámara y a otra al lado. Si los sujetos sonreían o parecían disgustados o no tenía mucha importancia, en cambio, los hombres y mujeres que vieron la foto de la cara con los ojos mirando a cámara la encontraron más atractiva y agradable.

Según la revista Nature, el centro de recompensa del cerebro se activa cuando alguien hace contacto visual con una persona atractiva. No sólo nos gusta mirar a la gente atractiva, sino que nos hace sentir aún mejor cuando miran hacia nosotros.

Debido a que el contacto visual está ligado directamente a nuestras emociones, tiene un efecto en nuestro comportamiento, como demostraron investigadores de la Universidad de Tufts. Los participantes de este estudio encontraron una moneda de diez centavos en una cabina telefónica y fueron abordados por una persona al azar afirmando que era suya. Cuando esa persona hacía contacto visual con los participantes, tenían más probabilidades de devolver la moneda de diez centavos. Que alguien te mire directamente a los ojos le hizo más honesto.

La mirada directa también incita una mayor participación de la gente en grupos porque les hace sentirse más incluidos. El Dr. Roel Vertegaal, un experto en la comunicación visual entre los seres humanos, semostró que la cantidad de contacto visual que una persona recibió durante una conversación en grupo fue proporcional a su participación en el grupo.

El contacto visual también nos obliga a prestar más atención: un estudio de 2005 de la Universidad de Wolverhampton y de la Universidad de Stirling encontró que los espectadores recordaron mejor lo que alguien dijo cuando miró directamente a la cámara.

Esta mejora de la atención se invierte cuando se mira directamente a los ojos de alguien que tiene que responder a una pregunta. Niños respondieron a ciertas preguntas correctamente sólo 50 por ciento de las veces cuando tenían que mirar a alguien mientras lo hacían, mientras que sus calificaciones mejoraron significativamente cuando se les permitió evitar sus miradas.

El contacto visual requiere tanto trabajo mental que se hace difícil pensar en otra cosa en el proceso. Es fácil cuando nuestros ojos se centran en alguien en quien confiamos; podemos concentrarnos exclusivamente en la mirada en lugar de tener que mantener una conversación. Pero la mayoría de nosotros ni siquiera puede mirar a los ojos de un conocido y mantener una cara seria, y mucho menos intentar la resolución de problemas complejos.

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