Los secretos del sueño

Desde que nacemos, pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo. Después de décadas de investigación, todavía no estamos seguros por qué.

El Insomnio familiar fatal (FFI) es un trastorno genético. Esta enfermedad se presenta entre los 50 y 60 años, de un día para otro, y los síntomas son devastadores. La persona no puede dormir, intenta en vano conciliar el sueño, pero logra un estado de letargo que no permite descanso. Como podemos imaginarnos, sus efectos sobre el cuerpo sin devastadores.

Si no sabemos por qué no podemos dormir, es en parte porque no sabemos realmente por qué necesitamos dormir. Sabemos que enfermamos si no lo hacemos. Y también que no importa cuánto intentemos oponernos que al final siempre acaba ganándonos. Sabemos que después de dormir de 7 a 9 horas podemos volver a enfrentarnos al día a día, y que tras 15 ó 17 horas volvemos a tener sueño.

Sabemos desde hace 50 años que el sueño se divide en fases, en periodos de sueño de onda profunda llamado REM, donde nuestro cerebro está tan activo como si estuviéramos despiertos pero con el cuerpo paralizado.

Sabemos que todos los mamíferos y aves duermen. Un delfín duerme con medio cerebro despierto para estar alerta. Los patos duermen en fila, y los que se colocan en los extremos dejan parte de su cerebro activo para vigilar a los depredadores. Los peces, reptiles y insectos también experimentan algún tipo de reposo.

Este tiempo de descanso tiene su precio. Un animal debe permanecer a merced de los depredadores durante largo rato. ¿Cuál es la recompensa de tanto riesgo? Según el investigador del sueño Allan Rechtschaffen: “si el sueño no tiene absolutamente ninguna recompensa vital, es el mayor error que la evolución ha hecho”.

La principal teoría es que el cerebro demanda sueño. Pero, ¿como ayuda el sueño al cerebro? La respuesta puede depender de que tipo de sueño. Según experimentos con personas sin estudios a los que se les pidió realizar tests de aptitud, aquellos a los que se les permitió realizar sueño REM, fueron mejores en tareas de reconocimiento, gramática, mientras que los que durmieron bien fueron mejores en memorizar. Otros estudios encontraron que el cerebro durmiente repite las tareas del cerebro recién levantado, como si el cerebro quisiera organizar y archivar lo aprendido a lo largo del día.

Estos estudios sugieren que el sueño podría tener la función de la consolidación de la memoria. De la misma forma que intentaría guardar la información valiosa y eliminar la prescindible.

El sueño también tiene una labor psicológica: aquellos individuos que no duermen no viven demasiado, ya que impide el correcto funcionamiento del proceso de curación del cuerpo, debilitando el sistema inmunológico.

Por si fuera poco, los problemas de sueño son la epidemia del siglo, como el insomnio y relacionados, que provocan consecuencias devastadoras tanto económicas como sociales. La apnea es uno de los principales problemas relacionados con el sueño, muy relacionado con el riesgo de infarto o infarto cerebral.

Si no podemos dormir quizá sea porque hemos olvidado cómo hacerlo. En etapas premodernas, la gente dormía de otra forma. En invierno dormía más que en verano, siguiendo los ritmos naturales que marca el medio ambiente. Actualmente, tenemos unas horas marcadas para el sueño, que pueden interferir con este proceso natural y con los ritmos circadianos. Quizá simplemente deberíamos hacer más caso a nuestra biología.

Más en National Geographic: los secretos del sueño.

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