Cómo ser un experto

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Lo único que te separa entre tu yo-como-amateur y tu yo-como-experto es dedicación. ¿Todo está en ser un prodigio? Cualquiera de nosotros podrí­amos ser prodigios (o casi) si dedicacásemos tiempo y visión. Por lo menos es lo que dicen los estudiosos del cerebro. Lo mejor de todo es que –casi nunca es demasido tarde-.

En serio. ¿Cuanta gente piensa que ha perdido su oportunidad de ser músico, golfista profesional o un gran maestro de ajedrez porque no empezaron de pequeños? ¿o simplemente porque no tienen talento natural? La mayor parte de estas personas están equivocadas. Según algunos cientí­ficos dedicados al estudio del cerebro casi cualquier persona puede desarrollar capacidades de experto (o por lo menos de gran talento) en actividades para las que no estén impedidos fí­sicamente. Aparentemente, el talento innato, los “regalos” naturales, y la predisposición genética no son todo lo que se necesita para ser algo. O por lo menos no de la forma que lo imaginamos. Lo que aportan el talento natural de la música, las matemáticas o el ajedrez es una mayor capacidad de concentración, de dedicación, o el simple deseo de llegar a ser mejores. En teorí­a, cualquiera que se mantenga haciendo lo que es necesario para ser “mejor”, acabará siendo “mejor”.

Es posible que “los artistas con talento natural” fueran simplemente los únicos que sufriron mucho para conseguirlo. O por lo menos, los únicos que sufrieron conscientemente. El Dr. K. Anders Ericsson, profesor de sicologí­a en la universidad de Florida, ha pasado la mayor parte de sus más de veinte años de carrera estudiando prodigios y talentos especiales. En el libro The New Brain, Richard Restak dice:

“Para el talentoso, el éxito no es repetir una y otra vez la misma cosa, sino adquirir mayor control sobre cada aspecto de la acción. Este es el motivo por el que no encuentran la repetición aburrida. En cada repetición se dedican a mejorar algún aspecto para mejorarlo respecto a la vez anterior.”

Entonces, lo importante no es la duración de la práctica, sino la forma de hacerla. Algo así­ como:

“La mayorí­a de nosotros preferimos practicar las cosas en las que ya somos buenos, y evitamos las cosas que no nos salen bien. Permanecemos amateurs y mediocres para siempre”

Con todo, la investigación dice que si estamos dispuestos a invertir más horas, y dedicar esas horas a actividades que no nos son tan divertidas, podrí­amos llegar a ser buenos. Bien, potencialmente brillante. Necesitamos, dice Restak, “una rabia que dominar.” Esta dedicación a la maestrí­a conduce el “potencial experto” al foco de los aspectos más sutiles del funcionamiento, y a no satisfacerlos nunca. Hay siempre aspectos que mejorar, y están dispuestos a trabajar en las materias menos divertidas. Restak valora a SAM Snead, considerado uno de los cinco mejores golfistas del siglo XX, así­:

“sé que es mucho más divertido ir a tu a tu aire por el campo que intentar hacer el par, o practicar los tiros desde la arena, pero todo es cuestión de cuánto estás dispuesto a pagar por el éxito.”

Se que hay mucho más en la ciencia del cerebro sobre este asunto, por supuesto — estoy dando unas pinceladas. Y muchas investigaciónes son nuevas. A pesar de todo… sigo pensando que para ser, literalmente, el mejor del mundo en el ajedrez, o con el violí­n, o con las matemáticas, o en programación, o en golf, etc. es necesario tener unas cualidades especiales innatas. Pero… solo para ser el mejor. La investigación sugiere que de lo que esa salsa especial es, se considere solamente un pequeño 1% que empuja a alguien a ser el campeón del mundo. El resto de nosotros — incluso sin la salsa especial — podrí­a convertirse en expertos del mundo (o por lo menos nacionales), si dedicamos tiempo, y se hace bien.

Sus usuarios estarán en una de las tres categorí­as del gráfico: experto, aficionado, o drop-out. Los drop-out deciden que durante “aspiro a esta” fase, no son dignos de continuar. Lo dejan. ¿Puedes hacer tu algo? ¿Sabes cuál es tu í­ndice de desgaste?

Pero el problema — y donde tenemos la mayor probabilidad de apalancarnos– está en el aficionado que está satisfecho en donde está. Éstas son las personas que oyes decir por casualidad, “sí­, sé que hay una manera mejor de hacer esto, pero sé cómo se hace esto [ menos eficiente, menos profundo ] de manera más facil para mi” Es decir, superó el umbral de aspiración, pero ahora no desea adquirir nuevas habilidades y capacidades. No quiere esforzarse otra vez. Eso quiere decir que nunca superará el umbral de aficionado.

¿Podemos hacer más facil el camino hasta llegar a ser expertos? Recuerda, ser mejor es mejor. En lo que seas mejor se convierte en más diversión, más satisfacción, una experiencia más rica, y conduce a más.

Sobre eso de que nunca es demasiado tarde… la mayorí­a de nosotros podemos despedirnos de esa medalla de oro de patinaje sobre hielo… y mi carrera de baloncesto esté probablemente acabada. Pero piensa en esto… la actriz Geena Davis casi se cualificó para el equipo olí­mpico en un deporte que ella empezó a la edad de 40 años, y con menos de tres años antes de los juegos olí­mpicos en tiro con arco.

Y si los neurólogos tienen razón, puedes crear nuevas células en el cerebro — aprendiendo (y no repitiendo la misma tarea) — a cualquier edad. Piensa en ello… si hoy tienes 30 años, si coges la guitarra mañana, estrás tocando la guitarra 20 años antes de tener 50 años. Acabarás siendo muy bueno. Si tienes 50 años, estarás tocando la gitarra 20 años antes de los 70. ¿A qué estás esperando?

Artí­culo original: How to be an expert